Litografía de Francisco Frontera de Valldemossa.
Litografía de Francisco Frontera de Valldemossa.

Un bicentenario sin celebraciones

La figura de Francisco Frontera Laserra (1807-1891), el reconocido músico mallorquín que fue elogiado en vida por Paganini y Rossini, que trabajó colmado de honores y triunfos en su época, cumple hoy el bicentenario de su nacimiento desde el olvido

GABRIEL QUETGLAS. PALMA.

Los centenarios son buenos motivos para recuperar el
pasado histórico de una sociedad. Probablemente, este artículo
quede como el único testimonio de celebración del
bicentenario del nacimiento del músico mallorquín Francisco
Frontera Laserra. Con el nombre de Valldemossa se le conoció
en los salones musicales de París a partir de 1836. Algunas
de sus composiciones fueron publicadas en aquella época, y
ninguna de éstas ha sido jamás grabada o reeditada.

Hoy, 22 de septiembre, se cumplen los doscientos años de su
nacimiento en Palma. Pocas semanas después de ser bautizado
falleció su padre. En 1810 su madre, Miquela Laserra, contrajo
segundas nupcias con Andrés Pavía (1784-1826), músico
valldemosín que ocupaba el puesto de director del único
teatro que había en Mallorca. En las temporadas de 1815
y 1816 el maestro Pavía estuvo dirigiendo la orquesta del
Teatro de Barcelona justo cuando se estrenaban las primeras
obras de Rossini en España.

Desde muy niño, Francisco Frontera estuvo muy cerca de la
música por la presencia de su padre y de todos aquellos
músicos que componían la orquesta. Algunos de ellos fueron
profesores suyos, como el violinista Juan Luis Gazaniol o el
oboe Joan Capó, con quienes acabaría siendo compañero de orquesta en el papel de uno de los primeros violines a sus 18 años.

No pasó mucho tiempo para ver a Frontera dirigiendo en Palma las funciones de óperas italianas, tarea que compaginaba con la de profesor de música. En 1834 en la prensa local se escribió: "Por la noche hubo iluminación general y función en el teatro; en el intermedio se cantó un himno cuya música, compuesta por don Francisco Frontera de Valldemossa, joven de no común talento, excitó el entusiasmo de los concurrentes, que no pudieron menos de prorrumpir en animados vivas".

En 1836 se trasladó a París donde conoció a muchos de los grandes compositores, artistas y cantantes de ópera que inundaban la ciudad. Entró en los círculos musicales a través de importantes personajes de la cultura y la política española que residían y frecuentaban París, como el general Espartero al que había conocido durante su estancia en Mallorca (1830-1833). En este periodo parisino trabó amistad con Rossini al poco tiempo de llegar, quien le recomendó estudiar composición con el músico Hippolite Colet, director del Conservatorio de París, para luego continuar sus estudios con Antoine Elwart.

Frontera empezó a ganarse la vida como profesor de canto, siendo alabado en 1839 en la prestigiosa La Revue et Gazette Musicale, que le dedicó las siguientes palabras: "Entre la multitud de maestros de canto de que París abunda, es necesario distinguir al Sr.Valldemossa, joven español, compositor ameno, que sobresale en el acompañamiento. A la vista tenemos muchas composiciones de este joven compatriota de García y de Gomis, entre los cuales merecen notarse un himno a la libertad, un canon a cuatro voces, un bolero, y una escena de soprano dedicada a la Condesa de Merlín. En cada una de estas piezas, tan diferentes en carácter y estilo, se encuentran bellezas de melodía y armonía que hacen concebir del Sr. Valldemossa las más justas esperanzas". Terminaba la noticia ensalzando su capacidad para el canto: "al oírle Paganini le aconsejó que abrazara la carrera teatral en la que le pronosticaba grandes triunfos".

En aquel momento París representaba no solo la capital mundial de la música sino también de la literatura, la pintura y la política. Los salones de la aristocracia y la enriquecida burguesía eran el mejor lugar para darse a conocer como músico. Frontera se relacionó en los mismos salones -como el de la Condesa de Merlín o las reuniones musicales del Hotel Favart- que frecuentaron otros músicos como Liszt, Berlioz, Bellini, Sor, Arriaga, Donizetti, Auber y Meyerbeer. A través de Manuel Marliani, diplomático español en París, conoció en 1838 a Madame Sand y Chopin a los que hablaría de Mallorca y sus encantos, indicándoles la buena comunicación marítima y de correo postal con Francia. Los comentarios de este y otros españoles en París conseguirían convencer a la escritora para cambiar sus planes de viajar a Italia.

A partir de 1841 su carrera musical se centró en Madrid, donde fue llamado, probablemente por Espartero, a la Corte española para nombrarle "Maestro de S.M. La Reina de España y de su augusta hermana". En 1846 Isabel II lo nombró director de los Reales Conciertos, y posteriormente director de música de la Cámara Regia y de su teatro particular (1850). También dirigió los conciertos clásicos del conservatorio. Como profesor de canto tuvo por discípulos suyos la mayor parte de los artistas españoles que luego siguieron la carrera teatral. Colmado de honores y triunfos, en sus últimos años se retiraría a su ciudad natal, Palma, donde falleció en 1891.

Seguimos a la espera de que su figura sea biografiada o novelada por alguna mente curiosa. Aunque solo sea por la supuesta relación amorosa con la reina Isabel II, que los carlistas propagaban en sus panfletos antiliberales.

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22 / 09 / 2007
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